
Hay vinos que llegan a XVINOS porque los compramos expresamente, otros aparecen en una cata y algunos simplemente se cruzan con nosotros en una buena cena.
La Capilla Crianza 2019 pertenece a este último grupo.
Aquella noche no había fichas técnicas sobre la mesa ni estábamos apuntando aromas. Nos habían invitado unos amigos a cenar en su casa y yo había llevado una botella que recuerdo que era buena, aunque ya no soy capaz de decir cuál. Prefiero reconocerlo antes que inventarme ahora un nombre.
Después apareció La Capilla.
De hecho, ese recuerdo tiene para nosotros más valor que una nota de cata fabricada a posteriori. El vino apareció después de otra botella de calidad y aun así consiguió dejar huella.
La Capilla Crianza pertenece a Finca La Capilla y procede de la D.O. Ribera del Duero. La bodega está en Roa, Burgos, uno de los nombres fundamentales del mapa vitivinícola de la denominación.
La protagonista es la Tinta del País, como se denomina localmente a la Tempranillo. Aquí aparece una pequeña dificultad documental: distintas fichas comerciales de la añada 2019 no coinciden completamente en la composición. Algunas la presentan como Tempranillo y otras mencionan una pequeña participación de Merlot.
Por eso no vamos a adjudicar a nuestra botella un porcentaje varietal que no podemos confirmar directamente en las fotografías.

Las referencias comerciales más consistentes que hemos localizado para esta añada sitúan la crianza alrededor de 14–15 meses en barricas de roble francés de grano fino, con posterior afinado en botella.
La elaboración descrita para La Capilla busca conservar el carácter frutal de la Tinta del País sin llevar la extracción demasiado lejos. Se habla de fermentaciones en pequeños depósitos, maceraciones prolongadas y fermentación maloláctica en barrica.
La descripción comercial habla de fruta, madera integrada, matices cremosos, tostados finos y taninos envolventes.
Pero aquí conviene separar dos cosas. Esas son descripciones técnicas y comerciales; no nuestra nota de cata.
Nosotros aquella noche no escribimos descriptores. Lo que podemos afirmar de primera mano es mucho más sencillo: el vino nos gustó, funcionó en la mesa y mantuvo el tipo incluso después de otra buena botella.
Cuando pensamos en Ribera del Duero es fácil imaginar cordero, carnes a la brasa o un plato principal potente. Aquella cena fue bastante diferente.
Había tapas y productos gourmet. Distintos bocados, quesos, embutidos y sabores que iban cambiando durante la noche. En ese escenario, un vino demasiado pesado puede terminar cansando.
La Capilla no lo hizo.
Tenía suficiente entidad para acompañar productos con intensidad, pero al mismo tiempo permitió seguir comiendo, hablando y volviendo a la copa. No necesitó un gran asado en el centro de la mesa para justificar su presencia.
curados y semicurados
ibéricos y chacinas
picoteo con intensidad
Finca La Capilla se encuentra en Roa de Duero y trabaja con viñedos del entorno de Roa, Anguix y La Horra, tres nombres estrechamente ligados a algunos de los grandes tintos burgaleses.
Es una zona de clima exigente, elevada amplitud térmica y suelos en los que se combinan diferentes proporciones de arenas, arcillas y componentes calcáreos. Para el consumidor, lo importante es entender que no estamos simplemente ante una marca que utiliza Ribera del Duero como reclamo: detrás existe un proyecto vitícola asentado en una de las áreas más reconocidas de la denominación.
La historia reciente de la finca también está ligada a la familia Forner, propietaria de Marqués de Cáceres, que adquirió Finca La Capilla en 2019. El proyecto permitió al grupo extender su presencia a Ribera del Duero.
La bodega está situada en Burgos.
La Tempranillo es la gran protagonista.
La añada 2019 pasó un periodo prolongado en barrica.
Es la graduación que figura en nuestra botella.
No sabemos cuánto pagaron nuestros amigos por la botella que bebimos. Por tanto, no vamos a convertir una referencia encontrada en internet en el supuesto precio de aquella cena.
Sí podemos utilizar el mercado como orientación.
La añada 2019 aparece en una tienda española a 16,65 euros, aunque actualmente figura agotada. Otra referencia comercial que hemos localizado la mostraba a 17,95 euros, también sin existencias.
Ese rango ayuda también a situar nuestra impresión. No hablamos de un Ribera del Duero de precio disparado, sino de una botella que se movía en una zona muy interesante para llevar a una cena, hacer un regalo o abrir cuando queremos subir un poco el nivel sin entrar en precios de 30, 40 o 50 euros.
Sí.
Y en este caso la respuesta tiene poco que ver con una puntuación.
Hay botellas de las que conservamos una ficha completa y otras de las que conservamos algo quizá más importante: el recuerdo de que hicieron mejor una noche.
La Capilla Crianza 2019 apareció después del vino que yo había llevado. No era una cata organizada. No existía ninguna necesidad de compararlos ni de decidir cuál era mejor. Simplemente seguimos cenando, abrimos otra botella y ésta también gustó mucho.
Ese contexto nos parece especialmente adecuado para un vino de este precio. Tiene suficiente presencia para llevarlo a una cena con cierta confianza, pero no obliga a convertir la botella en el centro de atención.
Lo importante es que nos gustó mucho. Con su procedencia de Ribera del Duero, una crianza prolongada y un precio histórico en torno a 16–18 euros, nos parece una botella muy interesante para compartir cuando queremos algo serio sin disparar el presupuesto.
No recordamos cada aroma. Sí recordamos que funcionó. Y a veces ésa es la mejor recomendación.