Gómez Cruzado Cuvée Especial 2010: un Rioja con cuerpo y carácter en nuestra comida de los jueves
Todos los jueves tenemos una de esas costumbres que ya forman parte de nuestra vida: sentarnos con amigos, comer algo rico y abrir una botella distinta. Esta vez salió de una caja variada de un importante club de vinos del que solemos surtirnos habitualmente, y para ser Rioja —que no suele estar entre nuestras regiones predilectas— la verdad es que nos dejó una impresión bastante buena.
No diré que este Gómez Cruzado Cuvée Especial 2010 me reconciliara del todo con Rioja, pero sí que confirmó algo que a veces olvidamos: cuando una botella viene con años, con empaque y con cierta seriedad, la conversación cambia.
En mesa se mostró como un vino con cuerpo, carácter y presencia. No fue una de esas botellas ligeras que pasan sin dejar huella, ni tampoco un vino agresivo o excesivamente pesado. Tuvo ese punto de firmeza que invita a seguir mirándolo con calma, a dejarlo respirar y a ver cómo se comporta con la comida y la charla avanzando.
De Rioja saltamos a Lisboa: un tinto portugués con Syrah, Touriga Nacional, Alicante Bouschet y Tinta Roriz.
Qué pudimos sacar del vino en la mesa
Lo que más me gustó fue que no se comportó como un Rioja plano ni como una botella de trámite. Sin ser una revolución, tenía estructura y se notaba que detrás había una botella con años y cierto porte.
En boca lo sentí serio, con volumen y con esa sensación de vino hecho para la mesa más que para un trago rápido sin contexto. No es que nos volviera locos a todos ni que nos hiciera cambiar de bando en la eterna discusión de regiones favoritas, pero sí dejó un balance claramente positivo.
Si Rioja no es tu zona natural, la Mencía de Ribeira Sacra abre otra vía: frescura, fruta y paisaje atlántico.
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Cómo encajó en nuestra comida de los jueves
Los vinos que mejor recuerdo me dejan en estas reuniones suelen tener una virtud muy concreta: se integran en la comida y en la conversación. No necesitan fuegos artificiales. Simplemente están ahí, sostienen la mesa, aguantan el paso del tiempo en copa y te obligan a volver sobre ellos.
Este Gómez Cruzado jugó bien esa partida. No me pareció un vino caprichoso ni uno de esos que llaman la atención solo por una salida aromática explosiva. Su fuerte fue más bien otro: el de ofrecer una sensación de solidez, de botella seria y de vino con fondo.
Para salir del tinto serio y cambiar de registro: un vino suave, fresco, fácil y pensado para beber sin complicarse.
¿Lo compraría?
Aquí la respuesta sería un sí prudente. No porque me haya parecido un vino deslumbrante o transformador, sino porque dentro de un estilo que no es el que más me seduce, salió claramente airoso. Tiene cuerpo, tiene carácter y se defendió muy bien en un contexto real, que es como más me gusta juzgar el vino.
Si apareciera otra vez en una selección variada o en una caja del club, no me importaría repetir. Y si alguien me preguntara por un Rioja con un punto serio, cierta edad y sin dispararse de precio, desde luego no me parecería una mala recomendación.
Veredicto final
Nota XVINOS: 8,1/10
Un Rioja que, sin estar en nuestra zona natural de confort, nos pareció una botella seria, con cuerpo, con carácter y suficientemente interesante como para recordar la comida de ese jueves con una sonrisa.
Gómez Cruzado Cuvée Especial 2010 no fue el vino que nos haría cambiar de bandera ni convertir Rioja en nuestra región favorita de la noche a la mañana. Pero sí fue una botella bien plantada, con fondo y con la suficiente personalidad como para ganarse el respeto de la mesa.
En un mundo lleno de vinos que pasan deprisa, este tuvo la virtud de quedarse un rato más en la conversación.